El
avión aterrizó en Londres a las 11 de la mañana. Habíamos volado
8 horas.
Cuando
salí del avión, me envolvieron un montón de hombres vestidos de
negro, que se pusieron en fila haciendo un pasillo humano. Aquello
era muy extraño, no paraba de preguntarme por qué estaban todos
esos hombres ahí y qué querían. Estaba asustada, Harry lo notó y
me cogió la mano para decirme que él estaba a mi lado y no me iba a
pasar nada.
Conseguimos
salir de ese pasillo de hombres extraños y vi otra limusina (pero
esta vez de color negro). Nos subimos en ella y cuando arrancó le
pregunté por aquello a Harry.
—¿Qué
era eso? —dije señalando con mi dedo aquellos hombres que aún
estaban ahí parados.
—Jajajaja,
Sandra, ¿no te había dicho que nada de preguntas? —me dijo,
burlón.
—Sí,
ya lo sé, pero es que mira eso, ¿cómo quieres que no pregunte? —le
dije, volviendo a señalar hacia el mismo lado. Él se rió y volvió
a decir lo mismo que decía siempre.
—Ya
lo veras cuando lleguemos a casa —repitió.
Aún
nos cogíamos de la mano. Su mano era mucho más grande que la mía.
Estaba muy caliente y era acogedora, me hacía sentir segura. Cuando
lleguemos a la calle donde “supuestamente” iba a estar mi nueva
casa, vi una gran mansión. Parecía un palacio, era enorme y muy
guapa.
“Ojalá
yo viviese ahí“ pensé.
La
limusina se paró justo delante de la barrera de la mansión, donde
había como una cabina con un señor dentro; como la de los peajes.
El hombre apretó un botón y nos abrió la barrera. Entramos hasta
la puerta principal de la mansión.
“¿Qué
hacemos aquí? ¿Al caso venimos a visitar a alguien?” pensé
extrañada y confundida.
Harry
lo notó en mi cara y me apretó la mano, cosa que hizo que le
mirara. Él esbozó una gran sonrisa, que correspondí con otra igual
de grande y volví a girar la cabeza para mirar por la ventana. La
mansión tenía un inmenso jardín. Estaba toda llena de balcones y
ventanales enormes, pero lo que más llamaba mi atención era la
enorme puerta principal; medía como 5 veces yo. Toda la mansión y
los terrenos de alrededor parecían haber estado construidos hacía
mucho tiempo.
Cuando
se paró la limusina, comenzaron a salir de la mansión muchos
mayordomos (o al menos eso parecían). Uno me vino a abrir la puerta,
mientras que los otros cogían las maletas del maletero de la
limusina para llevarlas dentro de la casa.
“¿Qué
significa todo esto?” pensé.
Me
abrió la puerta un hombre más bien alto, con un bigote blanco y un
poco calvo. Llevaba un traje negro de estos con cola de pingüino, un
chaleco gris y una especie de pañuelo alargado negro por dentro del
chaleco. Este me dijo:
—Hola
señorita Sandra, bienvenida a casa. Soy Sebástian, su mayordomo.
“¡¿QUÉ?!
¡¿VOY A VIVIR AQUÍ?! ¿Qué significa esto?” grité
en mi fuero interno de nuevo.
Aquello
era demasiado increíble como para ser real, debía estar soñando.
Pero, ¿por qué iba a vivir ahí? ¿Quién tenía tanto dinero como
para tener esa gran mansión? Además de tener un avión privado, una
limusina y millones de cosas más. Y más importante aún, ¿cómo
conseguía todo ese dinero para comprar esas cosas?
Sebástian
me dio la mano para que pudiera bajar bien de la limusina, y entonces
la vi a ella.
¿A
QUIÉN VE SANDRA? LO SABREMOS EN EL PRÓXIMO CAPÍTULO DE “You know
what will happen...” ;D x
Holiii! :) Lo siento pero ayer no pude subir :/ Pero hoy siii. Espero que os guste y creo que mañana habrá otro (si puedo). El de mañana será mejor. Como siempre, gracias por leer mi novela y comentad! ;) Os quiero. Lots of kisses .xx
~Sandra

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