Cuando
acabé de vestirme, salí de mi habitación y bajé las escaleras
para poder dirigirme a la sala de estar y relajarme un poco en el
sofá. Pero cuando estaba a punto de entrar, escuché unas voces.
—Harry,
¿cómo es que aún no se lo has contado?
—Anne,
no está preparada para oír eso.
Eran
Harry y Anne. Me escondí detrás de una planta, que estaba por allí,
y escuché la conversación.
—Pero,
Harry, tiene que saberlo. Después de todo ese será su futuro.
—Ya
lo sé, Anne, pero si esperamos un poco más tal vez se lo tome de
otra manera. Es decir, que envés de tomárselo mal, como una
obligación o algo parecido, se lo podría tomar con felicidad,
¿entiendes?
—¿Tú
crees Harry?
—Estoy
seguro, estoy más que seguro.
—Está
bien, lo haremos a tu manera, pero por favor díselo con calma,
¿vale?
—Si,
Anne, no te preocupes. Voy a por un poco de agua.
—Vale
cariño. Yo me voy a arreglar unas cosas, nos vemos luego.
Entonces
Harry salió de la sala y se dirigió a la cocina, seguido de Anne
que se dirigía al despacho.
“Creo
que no debería haber oído eso” me dije. Iba a entrar
a la sala pero un pensamiento me cruzó la cabeza.
“Espera
un momento, ¡ahora lo entiendo! ¡Esto esta relacionado con lo que
no me podía contar Harry en el avión!” me dije a mi misma. Se
me escapo una pequeña sonrisa; aunque en realidad no lo supiera, me
alegraba al menos relacionar las cosas y saber algo más.
Finalmente
entré a la sala y me senté en el gran sofá que estaba en el centro
de esta. Estaba tan cansada... Había sido un largo viaje y habían
pasado muchas cosas en ese día. Poco a poco se me fueron cerrando
los ojos hasta que acabé dormida del todo.
Me
desperté al sentir un cosquilleo en la mejilla. Abrí un ojo y vi
unos preciosos ojos verdes mirándome fijamente. Mi cabeza estaba
apoyada encima del regazo de Harry y yo estaba totalmente estirada en
aquel sofá, cosa que encontré rara ya que me dormí sentada. Cuando
iba a abrir la boca para decirle algo:
—Ssshh
—me dijo, y puso un dedo en mis labios—. Antes de que me regañes
déjame explicártelo —continuó, quitando su dedo—. Yo fui a
buscar agua y cuando volví te encontré dormida, sentada en mala
postura y como no quería que después te doliese el cuello, pues te
acosté —me contó con una gran sonrisa pícara.
—¿Y
no me podías haber acostado en el sofá y ya está? ¿Te tenías que
poner tú debajo? —le
dije frunciendo el ceño y apartando la mirada.
—Sí,
hubiera sido más fácil, pero no tenía nada más que hacer y me
aburría; además, no hay más sitio donde me pueda sentar —me
señaló; sólo había un sofá en la sala.
—Bueno,
tienes razón —confesé, cruzando los brazos. Aún tenía el ceño
fruncido.
—¿Te
he dicho alguna vez que cuando duermes pareces un angelito? —me
dijo acariciándome la mejilla. Levanté la mirada, sorprendida.
—N-no
—le contesté, sonrojada. No esperaba que me dijese esas palabras.
—Pues
te lo digo ahora. Pareces un angelito cuando duermes, por eso no me
he podido resistir a no tocarte... —me dijo serio, para justo
después poner una gran sonrisa pícara en su boca—, pero cuando
despiertas eres como un demonio; como un gran ogro. —En ese mismo
instante se levantó y empezó a correr.
“Sí,
le conviene correr. ¡¿Cómo se le ocurre llamarme demonio y ogro?!
¡Y encima en mi cara!”
Me levanté y lo empecé a perseguir.
—¡Ya
veras cuando te coja! —le grité. Él se reía y no paraba de
correr.
—¡Ui,
qué miedo me das! —me decía con sarcasmo. Empezó a subir las
escaleras y yo le seguía persiguiendo.
—¿Sí?
¡Pues ya veras! —le grité entre risas. Entremos en su cuarto. No
tenéis una idea de lo que corría, era peor que un guepardo.
—¿Y
qué me vas a hacer? —decía aún entre risas. Me tiré encima de
él y los dos nos caímos encima de la cama.
—¡Esto!
—le dije y empecé a hacerle cosquillas por todo el cuerpo. Él
empezó a soltar carcajadas e incluso le dio un ataque de risa.
—Para,
para, ¡PARA! —me gritaba; estaba llorando de la risa y todo, pero
yo no le hacía caso y seguía.
—¡Esto
por decirme demonio! —le dije riendo. Me levanté de encima de él
creyendo que ya había recibido suficiente castigo, pero en unos
instantes estuve otra vez en la cama; pero esta vez, él estaba
encima mío. Ahora era él el que empezó a hacerme cosquillas, y yo
no podía parar de reír.
—Y
ahora quién se ríe, ¿eh? Jajajajaja —se reía, con una risa
parecida a la de aquellos malvados de las películas. Cuando paró
los dos estábamos agotados de reír y se acostó al lado mío, con
la espalda en la cama. Los dos mirábamos el techo, intentando
respirar, hasta que él soltó:
—Que
sepas que lo de que te pareces a un angelito cuando duermes, es
verdad —me dijo, poniéndose otra vez encima mío apoyado en un
codo.
—¿A
sí? ¡Qué bien! —le dije con sarcasmo, intentando salir de debajo
de él.
—No
me digas que no te gustó dormir encima de mí—me dijo levantando
las cejas, con media sonrisa en su rostro.
—¡Por
supuesto que no! —le respondí. Me había puesto colorada, y lo
peor era que él lo había visto.
—¿A
no? —me dijo con una sonrisa pícara. Algo iba a hacer, siempre que
ponía esa sonrisa algo me hacía; y estaba en lo cierto. Se empezó
a acercar más y más, hasta que nuestros rostros, y con rostros me
refiero más a labios, estaban a escasos centímetros.
—¿Qué
vas ha hacer? —le pregunté nerviosa, mientras nuestras narices se
rozaban. Mi respiración se estaba agitando al igual que mi pulso,
que iba a cien por minuto; tenía calor, mucha calor. Cerré los ojos
ante su mayor aproximación.
—Un
experimento —me contestó, y justo después juntó nuestros labios
en un beso salvaje. Era como si él necesitase mis labios y yo los
suyos. Empezó a mover su boca encima de la mía y yo no se lo
impedí, al contrario, hice lo mismo que él. Empecé a abrir la boca
y acto seguido nuestras lenguas se mezclaron en una guerra brutal, no
se daban por vencidas y seguían peleando como si la vida dependiese
de eso. Mientras tanto, él recorría cada centímetro de mi espalda
con su mano derecha y con la otra me cogía por la nuca,
intensificando aún más el beso. Yo tenía mis dos manos en su
cuello, enredadas en sus rizos, tocándolos. Su pelo era tan suave,
que cada vez que lo tocaba me hacía enloquecer. Estaba empezando a
quedarme sin aire y creo que él también, pero aún así no nos
separamos hasta que alguien tocó la puerta y dijo:
—¿Señorito
Harry? Soy Sebástian. La señora Anne me envía para decirle que la
cena está lista y que baje a cenar lo antes posible. ¡Ah! ¿Y
podría avisar a la señorita Sandra? Es que no la encuentro por
ninguna parte. Gracias.
¿SABRÁ
SEBÁSTIAN LO QUÉ ESTABAN HACIENDO? ¿QUÉ OCURRIRÁ EN LA CENA?
¿QUÉ PASARÁ LUEGO DE ESTO? ¿LA RELACIÓN DE ELLOS MEJORARÁ? LO
SABREMOS EN EL PRÓXIMO CAPÍTULO DE "You never know what will
happen..." ;D x
Hellooou! Por fin el siguiente capítulo que tanto me pedíais. ;) Espero que os guste. He tardado bastante en subir porque estos días he estado muy ocupada, y este mes también lo estaré, pero intentaré subir lo más rápido que pueda. :) Espero que os guste y comentad. :D Os quiero <3
Lots of kisses .xx
~Sandra

DKFJVKLMVKFDVMKLDFDKFV,ME FRUSTROOOOOOOOOOOOO. Está genial, como siempre. Siguiente cuando puedas. Te quieeeeeeeeero.<3
ResponderEliminarJAJAJJAJAJAJJAJAJAJ PUES YO ME PARTO. xD Graciaas. Yo el triipleeeee. <3 xx
EliminarYa me voy acordando, ooooo que gozada de novela Sandra, te lo curras muchisimo y parece que "Unbroken" y yo somos los unicos que nos damos cuenta de lo buena que es jajaja que solo la vomentamos nosotros ajjajajajj :-P
ResponderEliminarSIGUIENTE cuando puedas, y no te preocupes guapa :-)
Hahahahahahah seguro que no es para tanto eeh. xD hahahah sí, gracias por comentar siempre ;) Cuando pueda me pongo a escribir. Un besoo. ;3
Eliminar