Había
tomado una decisión: iría con Anne. Aunque me doliera separarme de
mis hermanos tenía que ir, ese era el deseo de mi madre y yo lo iba
a cumplir. Por muy duro que fuera. Aunque me trataran como un animal,
me daba igual.
—Director,
¿qué tengo que hacer para irme con Anne? —pregunté decidida. El
director me miró con una cara de felicidad, que su sonrisa no cabía
en su cara.
—Sandra,
¿enserio irás? —dijo emocionado.
—Sí
—dije seria.
—¿Estás
segura? ¿Luego no te arrepentirás?
—No
director, estoy completamente segura.
—Muy
bien pues tienes que firmar unos papeles y estará todo listo.
Sacó los papeles de otro cajón y me indicó donde debía firmar. Lo hice y el director me dijo que podía ir a hacer las maletas cuando quisiera. Cuando estaba apunto de salir del despacho, me acordé que no le había preguntado cuando me iría con Anne.
—Disculpe
director pero, ¿cuándo me voy?
—¡Oh!
Es cierto. Se me olvidó decírtelo. Te vas mañana.
—¡¿Mañana?!
Ya
en mi habitación, me puse a sacar mis maletas. Poco después
llegaron mis “amigas” mirándome con curiosidad y al ver mis ojos
hinchados decidieron preguntar.
—¿Qué
a pasado?
—Nada.
—A
nosotras no nos puedes mentir, te conocemos desde que eramos niñas.
—Bueno...
os lo contaré, pero no creo que os guste.
—¿Por
qué? —preguntaron todas a la vez, confundidas.
—Lo
que pasa es que ha llegado una carta de una prima de mi madre y dice
que mi custodia la tiene ella, así que me tengo que ir a vivir con
ella.
—¡¿Qué?!
—dijeron a la vez.
—Lo
que habéis oído, mañana me iré de aquí.
—Pero
¿no te has negado? —preguntó una.
—Por
supuesto que sí, pero ese era el deseo de mi madre y yo lo quiero
cumplir... —Comencé a llorar otra vez, pero no tanto como la
última vez. Una de ellas, Lucía, me abrazó. Era la única que me
trataba bien en comparación a las otras. Ella me entendía; nos
entendíamos mutuamente y se puede decir que eramos mejores amigas.
Pero nunca podíamos estar juntas porque las otras no nos lo
permitían. Excepto por que compartíamos habitación, entonces sí.
Al cabo de un rato dijo una:
—Bueno,
Sandra, si es tu decisión nosotras no podemos hacer nada, pero no
creo que a Zayn le guste la idea —dijo y todas salieron riéndose
de la habitación excepto Lucía.
—¡Oh!
Me había olvidado de Zayn. Y ahora, ¿cómo se lo voy a decir?
Zayn
era como mi hermano y mi mejor amigo. Tenía casi 18. Nos conocemos
desde que él llegó al orfanato cuando yo tenía 10 años. Desde
entonces mi vida cambió. Sin él no hubiera sido lo mismo. Gracias a
él mis “amigas” se portaban mejor conmigo. Le estaré
eternamente agradecida, después de todo me salvó, literalmente, la
vida. Pero esa es una historia que ya os contaré.
—No
te preocupes, Sandra, ya verás como lo entiende —me dijo Lucía
intentando calmarme.
—Lo
sé, pero tengo miedo que se enfade y no quiera ni despedirse de mí.
—Ya
verás como todo irá bien. Después de todo eres la persona a la que
más quiere, ¿o no?
Lucía
tenía razón. Él era muy guapo y muy bueno, pero tendría que
decirle que me iba tarde o temprano, así que decidí ir a buscarlo a
su habitación y zanjar cuanto antes el asunto. Toqué la puerta y él
me abrió sonriente.
—¡Oh!
Sandra, ¿qué te trae por aquí? —dijo haciéndose el sorprendido
y poniendo la cara de picarón que siempre ponía.
—Hola
Zayn...
—¿Qué
te pasa? —preguntó, ahora, preocupado.
—Tenemos
que hablar..., y no creo que te guste...
—Puso mala cara al oír esas palabras y abrió la
puerta para que pudiese entrar.
—Está
bien, pasa. —Entré y me senté en su cama; por suerte estaba solo.
—¿Y
bien? ¿Qué pasa?
—Mira,
no sé como decirte esto, pero... te lo tengo que decir y no quiero
que te enteres por otras personas, así que yo...
—Me
estas preocupando Sandra, dímelo ya —dijo impaciente.
—Pues
veras, me voy a vivir con la prima de mi madre.
—¡¿Qué?!
¡¿Por qué?! —dijo sorprendido y un poco enfadado.
—Le conté toda la historia: todo lo que había
pasado en el despacho del director y en mi habitación. Entonces dijo
—: ¿Entonces? ¿Te vas mañana?
—Sí,
lo siento Zayn pero ya he tomado la decisión.
—No
me gusta para nada la idea de separarme de ti, pero supongo que
tendré que respetar tu decisión...
—Gracias,
Zayn, eres el mejor.
Me
acerqué a él y le dí un gran abrazo. Estuvimos así durante 5
minutos, disfrutando del poco tiempo que nos quedaba para estar
juntos. Acariciándome el pelo dijo:
—Menos
mal que no ha sido nada grave. Quiero decir, es grave porque te vas y
no te volveré a ver hasta sabe dios cuando, pero creía que las
perras esas te habían vuelto a hacer algo. Sí, ya se que no te
tocan desde hace años y que ahora se han vuelto buenas y todo ese
rollo que me sueltas siempre, pero te lo juro Sandra que no son
buenas. Tú sabes lo que te hicieron. No te mientas a ti misma.
—Zayn.
Para. Ya sé lo que me hicieron. Pero las personas pueden cambiar,
aprender de sus errores y...
—No,
Sandra, no. Para tú de decir gilipolleces y escuchame. Hazme caso
por una vez en tu vida. Te voy a demostrar que no son nada buenas, ni
ahora ni nunca.
—Pero
Lucía sí lo es.
—Eso
no lo dudo, pero el resto son monstruos. Mira.
Zayn
me enseño algunos videos (que había gravado con su cámara) donde
las había pillado hablando muy mal de mí, riéndose y hasta ideando
planes para dejarme en ridículo. En ellos Lucía me defendía y con
eso se llevaba alguno que otro insulto y algunas cosas aún más
desagradables. Zayn me explicó que me los quería enseñar antes de
que se fuera del orfanato. Como iba a cumplir los 18 no le faltaba
mucho para tener que irse (unos 3 meses). Quería que los viera para
que pudiese apartarme de ellas a tiempo.
Me
puse a llorar de la rabia y la impotencia que me daba ver eso y saber
que habían jugado todo ese tiempo conmigo. Sabía que desde ese
momento no iba a volver a confiar en alguien tan rápidamente. Si
alguien quería acercarse a mí, tendría que ganarse mi confianza.
Y, eso, no sería nada fácil. O eso creía.
Le
volví a dar otro abrazo a Zayn y también un pequeño beso en su
mejilla.
—Gracias,
Zayn. Eres la mejor persona que he podido conocer jamás. Gracias por
estar siempre ahí para mí. Eres el único que me puede, y podrá
hacer feliz.
—Sabes
que no se dan, Sandra. Me tendrás siempre aquí para ti. Cuando
salga del orfanato iré a buscarte estés donde estés, ¿me
esperarás?
—¡Por
supuesto! —le dije sonriendo.
Luego
me despedí de él, pero antes de irme le hice prometer que ayudaría
a Lucía igual que lo hizo conmigo y que no la iba a dejar sola.
Ya
en mi habitación. Empecé ha hacer las maletas y por el cansancio de
todo lo que me había pasado aquel día, me acabé durmiendo.
Al
día siguiente me despedí de todos y salí a la puerta del orfanato
para esperar el coche que me llevaría al aeropuerto. No sé si lo
había dicho pero me iba a Inglaterra; siendo más concreta, a
Londres.
Salí
para ver si ya había llegado, pero entonces vi una limusina blanca.
Me pregunté de quién podría ser y qué hacía por esos
alrededores, ya que el orfanato estaba apartado de la ciudad. Supuse
que era de alguien rico que venía a adoptar a algún niño del
orfanato que tuviera algún talento o algo por el estilo y poder
explotarlo. Pero justo cuando me giré y me dirigí a la puerta para
volver a entrar y esperar adentro, alguien me llamó por mi nombre.
¿QUÉ
PASARÁ CON LA LIMUSINA? ¿DE QUIÉN ES? ¿QUIÉN LA LLAMA? LO
SABREMOS EN EL PRÓXIMO CAPÍTULO DE "You never know what will
happen..." ;D x
Buenaaas. Aquí el segundo cap. Espero que os guste mucho y ya estoy escribiendo el siguiente. No os olvidéis de comentar y hacer preguntas si las tenéis ↓. Lots of kisses .xx
~Sandra

Aaaaaaaaaa, yo ya se quien le viene a busvar, o eso creo jajajjaja
ResponderEliminarMe encanta la novela Sandra :-)
NEXT
Jajajajja lo sabes porque lo leíste en el otro blog. Me alegro muchooo. ^^ un kiss ;)
Eliminar