martes, 25 de junio de 2013

Capítulo 2



Había tomado una decisión: iría con Anne. Aunque me doliera separarme de mis hermanos tenía que ir, ese era el deseo de mi madre y yo lo iba a cumplir. Por muy duro que fuera. Aunque me trataran como un animal, me daba igual.

—Director, ¿qué tengo que hacer para irme con Anne? —pregunté decidida. El director me miró con una cara de felicidad, que su sonrisa no cabía en su cara.

—Sandra, ¿enserio irás? —dijo emocionado.

—Sí —dije seria.

—¿Estás segura? ¿Luego no te arrepentirás?

—No director, estoy completamente segura.

—Muy bien pues tienes que firmar unos papeles y estará todo listo.

Sacó los papeles de otro cajón y me indicó donde debía firmar. Lo hice y el director me dijo que podía ir a hacer las maletas cuando quisiera. Cuando estaba apunto de salir del despacho, me acordé que no le había preguntado cuando me iría con Anne.

—Disculpe director pero, ¿cuándo me voy?

—¡Oh! Es cierto. Se me olvidó decírtelo. Te vas mañana.

—¡¿Mañana?!

Ya en mi habitación, me puse a sacar mis maletas. Poco después llegaron mis “amigas” mirándome con curiosidad y al ver mis ojos hinchados decidieron preguntar.

—¿Qué a pasado?

—Nada.

—A nosotras no nos puedes mentir, te conocemos desde que eramos niñas.

—Bueno... os lo contaré, pero no creo que os guste.

—¿Por qué? —preguntaron todas a la vez, confundidas.

—Lo que pasa es que ha llegado una carta de una prima de mi madre y dice que mi custodia la tiene ella, así que me tengo que ir a vivir con ella.

—¡¿Qué?! —dijeron a la vez.

—Lo que habéis oído, mañana me iré de aquí.

—Pero ¿no te has negado? —preguntó una.

—Por supuesto que sí, pero ese era el deseo de mi madre y yo lo quiero cumplir... —Comencé a llorar otra vez, pero no tanto como la última vez. Una de ellas, Lucía, me abrazó. Era la única que me trataba bien en comparación a las otras. Ella me entendía; nos entendíamos mutuamente y se puede decir que eramos mejores amigas. Pero nunca podíamos estar juntas porque las otras no nos lo permitían. Excepto por que compartíamos habitación, entonces sí. Al cabo de un rato dijo una:

—Bueno, Sandra, si es tu decisión nosotras no podemos hacer nada, pero no creo que a Zayn le guste la idea —dijo y todas salieron riéndose de la habitación excepto Lucía.

—¡Oh! Me había olvidado de Zayn. Y ahora, ¿cómo se lo voy a decir?

Zayn era como mi hermano y mi mejor amigo. Tenía casi 18. Nos conocemos desde que él llegó al orfanato cuando yo tenía 10 años. Desde entonces mi vida cambió. Sin él no hubiera sido lo mismo. Gracias a él mis “amigas” se portaban mejor conmigo. Le estaré eternamente agradecida, después de todo me salvó, literalmente, la vida. Pero esa es una historia que ya os contaré.

—No te preocupes, Sandra, ya verás como lo entiende —me dijo Lucía intentando calmarme.

—Lo sé, pero tengo miedo que se enfade y no quiera ni despedirse de mí.

—Ya verás como todo irá bien. Después de todo eres la persona a la que más quiere, ¿o no?

Lucía tenía razón. Él era muy guapo y muy bueno, pero tendría que decirle que me iba tarde o temprano, así que decidí ir a buscarlo a su habitación y zanjar cuanto antes el asunto. Toqué la puerta y él me abrió sonriente.

—¡Oh! Sandra, ¿qué te trae por aquí? —dijo haciéndose el sorprendido y poniendo la cara de picarón que siempre ponía.

—Hola Zayn...

—¿Qué te pasa? —preguntó, ahora, preocupado.

—Tenemos que hablar..., y no creo que te guste... —Puso mala cara al oír esas palabras y abrió la puerta para que pudiese entrar.

—Está bien, pasa. —Entré y me senté en su cama; por suerte estaba solo.

—¿Y bien? ¿Qué pasa?

—Mira, no sé como decirte esto, pero... te lo tengo que decir y no quiero que te enteres por otras personas, así que yo...

—Me estas preocupando Sandra, dímelo ya —dijo impaciente.

—Pues veras, me voy a vivir con la prima de mi madre.

—¡¿Qué?! ¡¿Por qué?! —dijo sorprendido y un poco enfadado. —Le conté toda la historia: todo lo que había pasado en el despacho del director y en mi habitación. Entonces dijo —: ¿Entonces? ¿Te vas mañana?

—Sí, lo siento Zayn pero ya he tomado la decisión.

—No me gusta para nada la idea de separarme de ti, pero supongo que tendré que respetar tu decisión...

—Gracias, Zayn, eres el mejor.

Me acerqué a él y le dí un gran abrazo. Estuvimos así durante 5 minutos, disfrutando del poco tiempo que nos quedaba para estar juntos. Acariciándome el pelo dijo:

—Menos mal que no ha sido nada grave. Quiero decir, es grave porque te vas y no te volveré a ver hasta sabe dios cuando, pero creía que las perras esas te habían vuelto a hacer algo. Sí, ya se que no te tocan desde hace años y que ahora se han vuelto buenas y todo ese rollo que me sueltas siempre, pero te lo juro Sandra que no son buenas. Tú sabes lo que te hicieron. No te mientas a ti misma.

—Zayn. Para. Ya sé lo que me hicieron. Pero las personas pueden cambiar, aprender de sus errores y...

—No, Sandra, no. Para tú de decir gilipolleces y escuchame. Hazme caso por una vez en tu vida. Te voy a demostrar que no son nada buenas, ni ahora ni nunca.

—Pero Lucía sí lo es.

—Eso no lo dudo, pero el resto son monstruos. Mira.

Zayn me enseño algunos videos (que había gravado con su cámara) donde las había pillado hablando muy mal de mí, riéndose y hasta ideando planes para dejarme en ridículo. En ellos Lucía me defendía y con eso se llevaba alguno que otro insulto y algunas cosas aún más desagradables. Zayn me explicó que me los quería enseñar antes de que se fuera del orfanato. Como iba a cumplir los 18 no le faltaba mucho para tener que irse (unos 3 meses). Quería que los viera para que pudiese apartarme de ellas a tiempo.

Me puse a llorar de la rabia y la impotencia que me daba ver eso y saber que habían jugado todo ese tiempo conmigo. Sabía que desde ese momento no iba a volver a confiar en alguien tan rápidamente. Si alguien quería acercarse a mí, tendría que ganarse mi confianza. Y, eso, no sería nada fácil. O eso creía.

Le volví a dar otro abrazo a Zayn y también un pequeño beso en su mejilla.

—Gracias, Zayn. Eres la mejor persona que he podido conocer jamás. Gracias por estar siempre ahí para mí. Eres el único que me puede, y podrá hacer feliz.

—Sabes que no se dan, Sandra. Me tendrás siempre aquí para ti. Cuando salga del orfanato iré a buscarte estés donde estés, ¿me esperarás?

—¡Por supuesto! —le dije sonriendo.

Luego me despedí de él, pero antes de irme le hice prometer que ayudaría a Lucía igual que lo hizo conmigo y que no la iba a dejar sola.

Ya en mi habitación. Empecé ha hacer las maletas y por el cansancio de todo lo que me había pasado aquel día, me acabé durmiendo.

Al día siguiente me despedí de todos y salí a la puerta del orfanato para esperar el coche que me llevaría al aeropuerto. No sé si lo había dicho pero me iba a Inglaterra; siendo más concreta, a Londres.

Salí para ver si ya había llegado, pero entonces vi una limusina blanca. Me pregunté de quién podría ser y qué hacía por esos alrededores, ya que el orfanato estaba apartado de la ciudad. Supuse que era de alguien rico que venía a adoptar a algún niño del orfanato que tuviera algún talento o algo por el estilo y poder explotarlo. Pero justo cuando me giré y me dirigí a la puerta para volver a entrar y esperar adentro, alguien me llamó por mi nombre.


¿QUÉ PASARÁ CON LA LIMUSINA? ¿DE QUIÉN ES? ¿QUIÉN LA LLAMA? LO SABREMOS EN EL PRÓXIMO CAPÍTULO DE "You never know what will happen..." ;D x

Buenaaas. Aquí el segundo cap. Espero que os guste mucho y ya estoy escribiendo el siguiente. No os olvidéis de comentar y hacer preguntas si las tenéis ↓. Lots of kisses .xx

~Sandra 

2 comentarios:

  1. Aaaaaaaaaa, yo ya se quien le viene a busvar, o eso creo jajajjaja
    Me encanta la novela Sandra :-)
    NEXT

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Jajajajja lo sabes porque lo leíste en el otro blog. Me alegro muchooo. ^^ un kiss ;)

      Eliminar