lunes, 24 de junio de 2013

Capítulo 1


Yo era una de esas chicas normales y corrientes que desde pequeñas se habían quedado sin padres. Mis padres, habían muerto de una enfermedad cuando yo tenía tan solo 1 año.

Vivía en un orfanato junto a otros chicos que tampoco tenían padres. Eramos como una familia y nunca nos separábamos los unos de los otros. De esta manera no sentíamos esa soledad que nos inundaba al no tener a alguien que te quiera y aprecie como un padre o una madre. Pero esto cambió el día que el director del orfanato me llamó a su despacho. En ese entonces yo solo tenía 16 años y no pensaba en la realidad, vivía en mi mundo.

Esa mañana yo estaba desayunando tranquilamente en una esquina del comedor. Sola, como de costumbre. Mis “amigas” me habían vuelto a dejar tirada. De pronto entró la señorita Crauch (la secretaria) y, dirigiéndose hacía mí, me dijo que el director me mandaba a llamar. Preocupada y sin saber absolutamente nada del porqué me habían llamado, me dirigí hacía allí con todas las miradas del comedor puestas en mí.

Abrí la puerta del despacho del director. Era una pequeña sala de oficina. Las paredes eran marrones con grandes archivadores apoyados en ellas. El suelo era de parqué. En el centro había una mesa con tres sillas: una grande (que era la del director) y las otras dos para las visitas.

Cerré la puerta detrás de mí. Lo vi sentado en una gran butaca de cuero detrás de su escritorio haciéndome un gesto con la mano para que me sentara en una de las sillas delante de él.

—Hola, Sandra, ¿cómo estás?

—Estoy bien director... Pero ¿para qué me ha llamado? Yo no he echo nada malo. Usted lo sabe, ¿verdad?

—No te preocupes Sandra, no es por nada de eso.

—Entonces, ¿por qué es?

—Bueno, no sé como decirte esto, pero... he recibido una carta de una prima de tu madre muy lejana y se vé que antes de morir tu madre le dejo la custodia a ella.

—¡¿Qué?! ¿Eso quiere decir que me tengo que ir con ella? —dije sorprendida.

—Así es, Sandra, lo siento mucho.

—Pero ¿y si no quiero ir?

—Lo siento, pero tienes que ir. La ley dice que uno no se puede quedar para siempre en el orfanato, sólo hasta que cumplas los 18. Y además, tarde o temprano te hubieran adoptado otras personas, ¿no es mejor que te adopten parientes tuyos? —dijo intentando ser amable y convencerme.

—¡Pues no, no la conozco! Y además, yo no me quiero separar de mis hermanos...

Al pensarlo empecé a llorar. No podía existir una vida sin mis hermanos, era imposible. Había vivido casi toda mi vida con ellos, y ahora de un momento a otro, no podían separarnos. Eran mi única familia. Sabía que ellos no habían sido las mejores personas que había conocido, pero creía que habían cambiado (pero estaba equivocada, más adelante sabréis el porqué).

Empecé a llorar más y más. No me lo podía creer. El director se dirigió hacia mí y me dio un gran abrazo para consolarme y calmarme. Él siempre se había portado bien conmigo; era como un padre para mí, y yo le tenía mucho aprecio. Cuando pude parar de llorar, vi como el director buscaba algo en su cajón. Sacó una carta y me la entregó.

—Es la carta que tu madre le envió a su prima cuando sabía que estaba a punto de morir. Ahí dice que te deja totalmente a cargo de ella en caso de que a uno de los dos les ocurriera algo. También hay unas palabras para ti, leelas. —Abrí el sobre y empece a leer lo que decía la carta de mi madre.

Para mi preciosa hija:
Querida, Sandra: sé que estás muy sola (aunque no lo creas). Estoy segura que cuando te enteres de esto no querrás ir con ella, pero tú necesitas a alguien que te quiera y no precisamente como una hermana sino como una hija y eso es lo que va a hacer mi prima Anne. Ella es muy buena y espero que la trates como si fuera tu verdadera madre, porque ella te tratará como si fueras su hija. Me hubiera gustado verte crecer, ver como ibas al colegio, ver lo guapa que te ponías... pero no te preocupes, porque yo siempre estaré a tu lado, cuidándote junto a tu padre. Te amo, nunca lo olvides.

Elisabeth

Al leer esas palabras, aún me puse a llorar más que hacía un minuto; porque sabía que eso lo había escrito mi verdadera madre. No era solo un producto de mi imaginación, era real. Esas palabras me habían hecho ver que de verdad la echaba de menos. Aunque no me acuerde de su cara, ella siempre será mi madre y siempre la querré. Saber que ella quiso lo mejor para mí, incluso antes de morir, me hizo despertar de mi ensoñación. Ya no era una niña. No podía estar escondiéndome ni evadiendo la realidad. Tenía que afrontarla. Por mí y por mis padres. Entonces es cuando me dí cuenta que me había portado como una niña.

Me deshice rápidamente de las lágrimas que recorrían mi mejilla, y me puse en pie. Había tomado una decisión.



¿QUÉ DECISIÓN HABRÁ TOMADO SANDRA? ¿SERÁ IRSE CON LA PRIMA DE SU MADRE O QUEDARSE EN EL ORFANATO? LO SABREMOS EN EL PRÓXIMO CAPÍTULO DE "You never know what will happen..." ;D x


Holaaa. :) Aquí el primer capítulo. Espero que os guste y que lo disfrutéis mucho. Aviso: los capítulos en general no van a ser muy largos, serán más bien cortitos. Por favor seguid el blog y seguidme en twitter si no lo hacéis. Y, ¡COMENTAAAD! ↓ :D Gracias por leerme. Lots of kisses .xx

~Sandra

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